miércoles, 13 de diciembre de 2006

52.Día 21: RESIGNACIÓN

Ya la noche anterior los italianos me invitaron a participar en el maravilloso plan que tenían para aquella mañana. Iban a comprar ropa y cosillas para hacer un bingo en el colegio mas pobre de la ciudad, y dar premios a los vencedores. La idea en sí me parecía horrorosa, pero yo no se si por educación, por inconsciencia o por no causar molestia a las hermanas volví a meterme en el pack "turismo solidario de pacotilla" y nos fuimos a hacer las compras. Allí pude ver como el único hombre del grupo no tenia reparo en llevar la cartera rebosante de billetes (unos fajos enormes), y su única función era custodiarlo, porque lo que es hablar, no hablaba, y siempre hacia lo que decían las mujeres, que en ese momento seleccionaban ropitas y regalitos para los negritos. Esa mañana el italiano abrió la boca para decirme que lamentaba no poder hacer una foto al mercado (era peligroso sacar la cámara allí) cuyo único interés, y creedme de veras, era la pobreza del mismo y la suciedad de los barrizales tras los días de lluvia. Hubiera preferido que hubiera mantenido la boca cerrada. Después nos desplazamos hacia el colegio, que tenía solo dos aulas, en la puerta de la primera se amontonaban chanclas y zapatillas de niños pequeños llenas de barro. Cuando abrimos la puerta, vimos una imagen preciosa: una clase de unos cincuenta niños pequeños que seguían la lección de una embarazadísima maestra. La clase estaba ordenada, pero el suelo estaba lleno de tierra. Los niños, que serian de unos 7 años, compartían cuatro mesas alargadas con su escaso material escolar. La maestra, como era Borana utilizaba las telas que a mi tanto me gustaban. Estaba embarazada de unos ocho meses y tenia el gesto de cansancio, pero reía con los niños y los tenia bien ordenados y educados. En ese momento cantaban. Cuando entramos se creó un silencio extraño, los niños se sorprendieron de que llegaran tantos "mzungus" de golpe, y la maestra miró también con cara de extrañeza. Yo quise quedarme cercano a la puerta para ser discreto, los italianos se situaron justo en el centro de la clase, cámara colgada al cuello, ávidos de fotos, pues a ellos no se les escapaba la belleza de todo aquello y ya estaban deseosos de empezar a poseerlo; negritos pequeños y graciosos cantando, todo un festín. Poco después mi atención se dirigía al otro extremo de la clase, allí estaba la hermana Betta de espaldas hablando con la maestra, a la que podía verle el rostro. La expresión de su cara mostraba contención y cansancio, cejas fruncidas, mirada penetrante y tensión en los músculos. Si en este caso hubiera sido yo el que sacara la cámara, si hubiera podido recoger esa situación, es decir, los italianos en primer termino con su sonrisa complacida y sus cámaras, mientras los niños sentados miraban extrañados, y al fondo esa mujer embrazada con esa expresión en la cara mientras hablaba con la monja, os aseguro que podía haber ganado un premio Pulitzer. Hubiera titulado a la fotografía "Resignación".
Antes de que yo hubiera terminado con mis pensamientos, la maestra ya había organizado a los niños para cantar unas canciones a los "mzungus" y para salir a recoger los chinos que necesitaban para jugar al dichoso "Bingo". Quise entonces hablar con ella, que estaba ayudando a los niños mas pequeños a recoger las piedrecitas y le pregunte que si alguien le había informado antes de nuestra visita. Ella me dijo que no. Yo le di mis más sentidas disculpas por parte del grupo, ella con humildad me miró y con un leve amago de sonrisa me dijo que no pasaba nada, y que el bingo al tratar de los números también podía ser útil para la clase.
Fue ese día, allí en Marsabit, y no antes, donde aprendí el valor de la resignación, cuando antepones los intereses de otros a lo más preciado que tienes: tus ideas y tu dignidad. Y aquella maestra realizaba la labor mas digna del mundo aunque esos imbéciles fueran incapaces de verlo, y pudieran interrumpir sin el menor asomo de discreción aquella lección que recibían los niños ese día. Allí lo vi claro, nuestra sociedad es capaz de criticar la posición de la mujer en África, de atizar contra la iglesia por el trato a la mujer, incluso lo argumentamos, pero somos incapaces de ver que nosotros nos creemos ciudadanos de primera clase del mundo, y podemos condenar y menospreciar a los africanos, y a otros muchos, como seres de segunda clase, sin los mismos derechos, sin la misma dignidad, y sin las mismas oportunidades. Y no hablo solo de los países lejanos, también hablo de los inmigrantes. Así contado, con toda la furia que me viene al recordarlo puede parecer algo ajeno a quien lo lea, pero yo ese día puede reconocer en esos italianos a gente con la que trato durante el día, a mis propios amigos (!!), y de algún modo, a mi mismo. Fue un descubrimiento muy doloroso. Ese día no pude grabar nada (no quise), estaba demasiado confundido. Me hubieran dado ganas de sacar a esos italianos a patadas de la clase, pero en vez de ello me resigné (en solidaridad con aquella mujer), confiando en el criterio de la hermana Betta en todo aquellos que pasaba. Ahora bien, no oculte mi profunda repulsa a ese Bingo, aunque estaba demasiado absorto con mis pensamientos como para hacer caso a otra cosa. Llegó la hora de los regalitos y los caramelos. Los niños que se quedaron sin ropita se fueron con un jabón y un boli. Había también muchas madres a las que se avisó del evento, que disfrutaron del día (al menos ellas pudieron comprender el mecanismo del bingo, los niños apenas llegaron a enterarse de lo que pasaba allí). Los italianos también parecían satisfechos (por su buena labor), pero supongo que por mi cara de perros muertos no compartieron conmigo esa alegría. Aprecié profundamente que todo aquello se terminara, y con respecto a los italianos, cuyo egoísmo e inconsciencia iban cada vez mas lejos, no volvería a unirme a ninguna de sus excursiones y agradecí que al poco dejaran de invitarme a las mismas. Por mi parte, no volvería a grabar ni hacer fotos en según que sitios, sin antes preguntar a los responsables, y comentar la labor documental que hacia. La maestra, nos acompañó en el coche (siempre un Land Rover donde nos apiñábamos), hasta la plaza del pueblo. Me interese por aquella mujer, que tanto me había impactado, y la hermana Betta me comentó que de hecho era muy buena maestra, que con todos los problemas que había con los empleados (falta de seriedad, pereza, impuntualidad, falta de asistencia, mala labor...), ella era una de las escasas personas en las que confiaban. Nunca faltaba a sus clases, estaba muy comprometida con los niños, y era muy trabajadora.
No puedo olvidar la imagen de aquella mujer perdiéndose entre la muchedumbre en la plaza de Marsabit bajo la tenue lluvia de ese día. Ella, y otras pocas personas de su valía, tenían sobre sus espaldas la enorme responsabilidad de levantar el país. Eran los portadores de la esperanza y el futuro de todo un pueblo.

3 comentarios:

Lukillas dijo...

Acabo de leer este post. Me ha pasado este blog una amiga tuya (Creo) llamada Marga, que estudia en Granada.
Me ha llamado mucho tu viaje y bueno, que sepas que hay gente desde Madrid que te está leyendo. Espero poder participar en unos de estos viajes.
Espero no convertirme en uno de esos italianos!

Lukillas

Carina dijo...

Cuidate mucho Angel. Sos muy especial y todo lo que haces tambien lo es, ahi lo iran notando... Te seguimos de cerca, aunque prefeririamos tenerte cerca.

Ana dijo...

Impresionante... Me quedo con las ganas de saber mas y mas... Un abrazo